domingo, 17 de abril de 2011
Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros. LA ZARANDA. 23-10.2010 ``Todavía estoy flipando´´ eso fue lo que le dije a uno de los actores al concluir el espectáculo, y efectivamente: todavía estoy flipando. Una gran composición de personajes, una historieta simple, sencilla y cercana y un gran ingenio creativo que nos transportaba por toda clase de lugares sin que nadie se percatara ni lo más mínimo a donde íbamos a aparecer, un balcón, un hospital, una cama… En un principio lo que pueden parecer personajes tipo salidos de una farsa pasan a convertirse en personas que hablan como tu tío, tu madre o tu abuela. Lo que nos cuentan puede parecer una simple historia sobre la vejez y la muerte, pero la forma de tratarlo es tan clara, tan verdadera, que aunque parezca mentira nos causa risa y al mismo tiempo nos emociona. Fenómeno extraño, este, el de la risa: de repente de un hecho de lo más trágico y traumático que le puede suceder a una persona, como puede ser que te corten un brazo, estamos allí unos mirones riendo con eso. Siempre con la ayuda y el permiso de la imposición de esta clave (no sé si decir cómica pero sí) esperpéntica marcada por unas voces y un dialecto efusivo como es el andaluz, una corporalidad y gestualidad muy trabajada, y una disposición coreográfica y espacial de movimientos que se acercaban más a la magia que al teatro por la precisión con la que se movía todo. Puede gustar más o menos, puede parecer más o menos interesante, lo que si podemos afirmar: Excelente trabajo.
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